A Priego de Córdoba, el pueblo más bonito de Andalucía.

Priego es 'mi pueblo' aunque yo no haya nacido allí. Me 'nacieron' en Mallorca pero el corazón, que no se puede domar, tiene sus latidos repartidos entre olivares y naranjos, entre Priego donde están mis mejores recuerdos de la infancia, mis raíces y Castellón donde está mi vida, mi futuro, de donde soy.

Reconozco que resulto un poco cansino con mi pueblo. Pero los amiguetes que he llevado hasta allí (despues de taladrarlos durante años: mi pueblo esto, mi pueblo lo otro) se han contagiado de su encanto y hay quien ha vuelto varias veces sin necesidad de que yo les haga la tortura sugestiva. En cuanto a mí, necesito ir al menos una vez al año. Recargo pilas como en ninguna otra parte.

Lo primero que hay que hacer al llegar a priego es beber agua en una de sus fuentes. La Fuente del Rey concretamente tiene 139 caños donde escoger.


El de la estatua es Neptuno, que está ahí con la lanza a ver que pesca...

Foto: El legado andalusí

Después hay que pasear por el barrio de la villa. El mejor conservado de cuantos he visto. Un dato: no hay ni una sola tienda de souvenirs. Con eso está todo dicho. Otro dato: pasear por la noche por sus callejas iluminadas por los faroles, en silencio, es terapéutico. Deberían recetarlo.

Míra: el gato andalú. ¿Dónde estarán eso mardito roedore?

Foto: Andalucía Film Comission

No hay que olvidarse de admirar el sagrario de la Iglesia de la Asunción (donde se casaron mis padres y donde se celebra la boda a la que vamos), maravilla barroca:

Naturalmente mis padres se casaron abajo, no ahí arriba haciendo funambulismo.

Foto: Maravillas de Córdoba

Y por supuesto: ¡El yantar!

Ñiam, gromf...¿fé máf fe fuede fedir?...chomp, ñam

Foto: El legado Andalusí

Por cierto, Mr. Endocrino, espero que sepa usted perdonarme, pero los flamenquines, barquillos, salmorejo, cazón en adobo, lomo de orza, calamares enharinaos y por supuesto la sangría de vino blanco y canela, son parte del lote "mi-pueblo-es-el-mas-mejor" y mis familiares de allí podrían ofenderse si no diera buena cuenta de todo cuanto me ofrecen. Sé que he perdido cuatro kilos y que es una lástima, pero ya tendré tiempo de purgar mis excesos a la vuelta. Además a resultas del éxito de la conjunción de su método y mi esfuerzo, el traje de la boda me viene grande y como comprenderá no voy a hacer el ridículo delante de toda la familia. Me veo en la obligación de volver a rellenarlo. Tengo tres dias para conseguirlo, va a ser duro, sí. Pero bueno, haremos un esfuerzo...

¡Hasta la vuelta!